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Reflexiones sobre "El Estudio" y el "Arte de
Estudiar"
Las técnicas de estudio
Carlos Salinas, España
Llevo realizadas muchas tareas, algunas muy dispares, pero
existe una especie de "hilo rojo" que permanece
a pesar de los cambios: la enseñanza. A pesar de
no buscarlo deliberadamente, de una manera u otra siempre
terminé impartiendo clases (o charlas, o conferencias
-que es lo mismo, pero con corbata-) sobre temas ligados
a mis experiencias e intereses. Un destino singular, sin
duda, para quien nunca se identificó con una vocación
de maestro. Pero estos son los hechos.
Y ahora, para seguir la tradición,
me gustaría reflexionar sobre algunas cosas que he
observado, controlado y experimentado en aproximadamente
unos 37 años de enseñar a adultos, jóvenes
y niños (actividad que, excepto en algunas épocas,
nunca fue central). Un detalle, jamás tuve oportunidad
de hacerlo con personas ancianas... son los únicos
"conejitos de indias" que me faltan.
Lamentablemente en este campo hay muchas
palabras y pocas nueces. ¡Si pareciera que estamos
en el Congreso!
1 - La IMAGEN es la clave del recuerdo
No se requiere ser pintor o frecuentador
de las artes plásticas. Todos tenemos esta propensión
biológica. Las imágenes nos llaman y nos seducen,
luego es lógico que sean mejor recordadas que las
palabras, los sonidos o los olores. El truco, en lo que
se refiere al estudio, es traducir los conceptos abstractos
a imágenes. Algunos lo hacen con facilidad, a otros
le cuesta horrores. Pero en todos se puede incrementar esta
facultad natural.
Acostúmbrese a usar esquemas (palabras
unidas con flechas).Acostúmbrese a imaginar situaciones
donde se aplican los conceptos que aprende. Imagine que
es un director de cine y que tiene que dar forma visual
a lo que lee o piensa. El esfuerzo deliberado en este sentido
se verá recompensando por recuerdos más fiables
(aquellos que nos salvan a la hora de un examen, o de una
pregunta comprometida).
2 - ¡Atención a la atención!
No estamos atentos. Excepto que un perro
nos muestre los dientes y gruña terroríficamente,
no solemos atender con los cinco sentidos. Y lo peor es
que no nos damos cuenta; nuestra "desatención"
nos pasa desapercibida. Como el pájaro surrealista
de "La Isla" la novela filosófica de Aldous
Huxley, alguien debería gritarnos cada pocos minutos
¡Atención a la Atención!
La atención es una capacidad que
se esta reduciendo en nuestra época. (como señala
Neil Postman en "Divertirse hasta Morir" (Ediciones
de La Tempestad. Bcn, 1991)
La flojera en la atención tiene
consecuencias: nuestros recuerdos son débiles y caprichosos.
La memoria no nos ayuda porque ni siquiera creamos circuitos
neuronales suficientemente estables. Todo ello tiene un
remedio, tan sencillo como difícil: prestar atención
con todos los sentidos. "Observar con atención
equivale a recordar con claridad" (Edgard Allan Poe.
"Los Crímenes de la calle Morgue)
3 - ¡La comprensión
también se olvida!
Algunos ingenuos creen que la clave del
recuerdo está en la comprensión. ¡Mentira!
Uno puede leer todo un diario de cabo a rabo y luego, si
nos preguntaran sobre lo leído, apenas mantener alguna
información en la cabeza. Es como si hubiéramos
leído en trance hipnótico.
La comprensión de un texto, o de
una conferencia, es una condición necesaria para
el recuerdo... no una condición suficiente.
"¿Recuerdas lo que dijo?".
"No", contesta la mayoría, pero era muy
interesante. Solemos recordar nuestras sensaciones y emociones
con mayor prolijidad; las ideas -sobre todo si son complejas-
se van con quien las enuncia.
"(La memoria)...en lo que ha de dar
pena es prolija, y en lo que había de dar gusto es
descuidada" dice Baltasar Gracián (en "Oráculo
Manual y Arte de la Prudencia" -1647- ). Este aparente
capricho de la memoria resulta de escuchar sin atender "a-fondo";
quedamos expuestos a los detalles que captan nuestra atención
inconsciente. Lo más abstracto se pierde.
4 - ¡No hay aprendizaje
sin actividad!
Cuanto más activo, menos olvido.
Se trata de "actividad" mental, no física.
La pasividad, la simple receptividad, con ser buena... tampoco
es suficiente.
Incrementar la actividad -en situación
de "alumno"- puede ser la cuadratura del círculo.
Cuando uno está como alumno no tiene muchas oportunidades
de ser activo; de ahí que en un clase el que más
aprende suele ser el que menos lo necesita... el maestro.
El alumno está en una especie de
jaula. No debe moverse, no debe hablar (excepto para formular
alguna pregunta), no debe, en suma, obstaculizar el proceso
estereotipado de la clase ¿cómo demonios incrementar
la actividad?
La respuesta es única: tomando
notas. Al hacerlo uno se mantiene despierto y sigue el proceso
del pensamiento que expone el profesor.
Tomar notas es costoso. Se gasta bastante
energía y puede correr el peligro de perder partes
interesantes de la clase. Más la solución
no está en abandonar esta actividad sino en perfeccionarla:
notas telegráficas, incompletas, rápidas,
con "letra de médico". Notas que lleven
poco tiempo y que permitan mirar al profesor el mayor tiempo
posible.
5 - La toma de notas es un test
de inteligencia
Cuánto más tonto, más
detalladas y prolijos serán los apuntes tomados en
clase. Notas extensas, cabeza hueca.
Las "notas" deben ser breves
e incompletas. El estudiante hace una apuesta para "después"
de la clase. Se trata de utilizar esas pocas palabras registradas
como estímulos para recordar todo el pensamiento
expuesto. Luego, ya más tranquilos, podemos completarlos
agregando todo lo que la memoria nos proporciona.
Las "notas" deben ser como la
"lista de la compra" en un ama de casa eficaz,
breves y sustanciosas. ("Eficiencia: ...esa perfección
... que incluye la aprehensión de todas las posibilidades
mediante las cuales se puede obtener legítima ventaja".
Edgard Allan Poe. "Los crímenes de la calle
Morgue")
Al principio tomar notas de esta manera
es preocupante. Uno tiene miedo de registrar demasiado poco.
Sin embargo la experiencia repetida va mostrando "cuánto"
y "qué" anotar. El que no se arriesga no
aprende. El que no se arriesga no sigue la clase con interés;
la comodidad puede ser un enemigo del aprendizaje. Una persona
"inteligente" no es aquella que "no comete
errores", sino alguien que aprende de sus errores.
6 - ¡El repaso es la clave
del examen!
Notas breves incitan a repasarlas para
completarlas (lo ideal, dentro de las 24 horas siguientes).
Y ésta es otra cualidad de las notas breves... que
no pueden dejarse sin completar so pena de no entenderlas
semanas después.
Sólo el repaso consolida lo comprendido.
El repaso elimina gran parte de las singularidades caprichosas
de la memoria; más debe hacerse con método,
sujetarlo a un calendario. Una vez escuchado un tema el
primer repaso debe ser pronto. Los siguientes se van espaciando
conforme a una progresión casi geométrica.
Resumiendo, el primero al finalizar la clase; luego a las
24 horas, a la semana, al mes, a los seis meses.
Los expertos aseguran que con estos cinco
repasos los temas quedan "encolados" de por vida.
De todas maneras aún no he conocido el alumno que
los haga. En la práctica podemos reducirlos a las
24 horas, y al mes. El resultado no será tan completo,
pero se mantienen los mínimos requeridos para cualquier
examen universitario (siempre que la persona sea joven;
en caso de mayor edad... se recomienda un poco más
de esfuerzo).
7 - Escribir para pensar mejor
Si alguien quiere aprender... que escriba.
Cuando se realiza la operación tan sencilla como
poco practicada de poner por escrito nuestro pensamiento,
algo pasa. Uno se permite decir muchas tonterías
cuando habla; al leerlas "saltan" a la vista (no
siempre, por supuesto; estos apuntes podrían ser
una prueba).
Al hablar, las frases quedan inconclusas
y el interlocutor también entiende. Al escribir tenemos
que terminar lo dicho; no valen gestos que ilustran mejor
que mil palabras. Hay que ajustarse a una disciplina: poner
una palabra detrás de la otra.
Un consejo: llevad un diario. Un cuaderno
anónimo donde vayaís escribiendo diversos
avatares de la vida cotidiana. No se trata de hacer literatura.
Escribir sencillo para pensar con claridad; todo lo contrario
de lo que suelen hacer los políticos.
Escribir es "regar" la planta
del pensamiento reflexivo. Una herramienta esencial, si
se desea "aprender" toda la vida.
8 - Para sobrevivir en la universidad
¡sea esquemático!
Un consejo que dan algunos estudiosos,
y es cierto. Pero no sólo para la universidad; vale
para cualquier actividad donde se manejen ideas y donde
haya que tomar decisiones.
En este contexto "ser esquemático"
no significa nada malo. Quiere decir: "¡Haga
muchos esquemas!". No se trata de reducir la complejidad
de la vida, sino de eliminar todas las palabras sobrantes.
Convertir el pensamiento en un tablero de ajedrez donde
cada idea tiene un lugar y un valor, al igual que los trebejos
del juego.
9 - Quien se autoexamina, ¡APRUEBA!
Un estudiante eficaz es autosuficiente:
no necesita del examen para enterarse si realmente conoce
el tema. De allí que, intuitivamente o por método,
dedica gran parte de su esfuerzo a elaborar exámenes
privados. Un estudiante eficaz se autoexamina antes de que
lo hagan los demás.
Por otro lado, crear un cuestionario es
una excelente forma de repasar. De allí que no se
pierde el tiempo. Haga la prueba; trate de crear un cuestionario
de examen sobre la materia que estudia (como si fuera un
profesor más) y verá lo que sucede.
Otra posibilidad es contar lo que sabemos
a alguien que nos pida ayuda. Intentar transmitir lo que
se sabe es la mejor manera de reflexionar sobre ello. Como
decía Sherlock Holmes : "no hay nada que aclare
tanto un caso como el exponerselo a otra persona..."
(for nothing clears up a case so much as stating it to another
person...) (A. Conan Doyle, "Silver Blaze")
10- Duplicar el tiempo
Todos los habitantes de las ciudades tenemos
poco tiempo. Las actividades se suceden sin interrupción.
Y cuando nos queda algo, la industria del ocio se lo lleva
todo. La televisión es la gran asesina de muchas
autopromesas de "fin de año". Y no se trata
de que lo haga por contar estupideces... sino porque roba
el tiempo necesario para "hacer" aquello que en
fecha señalada nos propusimos.
Gestionar el tiempo es clave para aprender
algo sistemáticamente. El tiempo es un bien escaso;
más aún que el dinero. El dinero va y viene,
el tiempo sólo se va.
Recordemos: a los hábitos solo
se los puede cambiar construyendo nuevos hábitos.
Y para ello se necesita tiempo.
Como dice J.L. Servan-Schreiber: "creemos
que la diversidad nos va a cambiar, y es la monotonía
la que nos cambia".
Un obstáculo importante en nuestra
administración del tiempo está en las emociones.
Hemos desarrollado -en muchos casos- una equiparación
tan incorrecta como saboteadora: controlar el tiempo es
un aspecto más del trabajo. Me refiero al "trabajo"
como medio de supervivencia; a la maldición bíblica;
a lo que hacemos para ganarnos la vida. Luego, evitamos
inconscientemente aplicar esa medida a las tareas lúdicas
o de autodesarrollo.
¡Pues falso! Cobremos conciencia
que nuestra vida está hecha de tiempo. Cuando el
tiempo se nos acaba... ¡se acabó! Mientras
nos queda tiempo, hay cosas por hacer y por disfrutar. Luego
es un derroche absurdo "¡perder el tiempo!".
Dicen los hindúes que a cada humano se le asigna
un número finito de respiraciones. No podemos cambiarlo,
sólo podemos inhalar y exhalar más despacio.
Las respiraciones serán las mismas, están
contadas, pero la vida será más larga.
Quizá sea una metáfora.
Pero una metáfora importante. Quizá llevemos
una "bomba de tiempo" en nuestro interior, y cuando
suena el reloj estalla. En todo caso llamo la atención
sobre que gestionar nuestro tiempo no es "moco de pavo".
Demos al tiempo su valor.
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